El pensamiento indigente

Carlos Penelas

Carlos Penelas

Carlos Penelas
Buenos Aires, noviembre de 2016

Ya no creemos que la verdad siga siendo verdad cuando se le descorren los velos
Nietzsche

Tengo la sensación, querido lector, que está harto de lo que escribo. Al menos lo estoy yo. No de usted, de lo que escribo. En verdad mi intención era recordar y pensar en Gian María Volonté, Yves Montand, Vittorio Gassman, Luis Buñuel, Mark Twain o Phillipp Mainländer mientras escucho a The Modern Jazz Quarter o a Krafwerk.

Pero sucede que apareció Podemos, jóvenes universitarios bien alimentados con coleta que sienten descender de Sierra Maestra o del asalto al Cuartel Moncada, hablando del Che pero ignorando a Camilo Cienfuegos, la verdad sobre Frank País, la cárcel y torturas a Huber Matos. Conocen mejor el mito revolucionario que la acción heroica de los partisanos. Apoyan al orador desatado de Hugo Chávez y a la señora Milagro Sala. Se identifican con Syriza mientras leen a Ernesto Laclau y a Marx, a Antonio Machado y escritos sobre la Guerra de Crimea. Así son las cosas. Por supuesto, también hablan de desigualdad y discriminación.

Una alegría: Estados Unidos entró en el Tercer Mundo. Eso no está mal, nos van igualando, comienzan a sentir como nosotros, pueden llegar a ser progresistas consolidando un proyecto planetario. Ni hablar del Papa peronista; el Vaticano entró al Cuarto Mundo con el populismo y centenares de rosarios bendecidos. A diestra y siniestra. Se castiga a los mercados y se les pide a los pobres que sueñen la vida eterna en el Paraíso, más allá del cielo y sus alrededores. En el cielo, según la versión de Yuri Gagarin, Dios no está. Tal vez debamos revisar el Concilio de Trento. Ni hablar de las finanzas vaticanas, por Dios y la Virgen.

La decadencia es notable, todo estaba mal de antes, todo estaba mal antes. No debería haber asombro en nada; ni en las groserías ni en el egocentrismo ni en el establishment. Regresan los gestos mussolinianos de la mano de los cambios climáticos. Por eso el caballero Donald Trump, don Francisco, el señor Rajoy otra vez a palacio, los sentimientos antisistema, la Viuda Nac and Pop, un presidente que habla con pajaritos, los demagogos latinoamericanos, la fabricación de armamentos nucleares, corrupción, modelos en Instagram, hipocresía, torpeza mental, ambigüedad chaplinesca, brutalidad, los asesinatos en Mosul, carnaval, las marchitas, el sonido envolvente del bombo, iconos envejecidos, el pueblo amorosamente conectado, villas miserias, sobreactuaciones, politiquería, la burocracia sindical, el proteccionismo y la mar en coche. El tema no es difícil de advertir, sólo que no se lo quiere ver en su dimensión, en las lealtades volátiles, en un pensamiento indigente. Sabemos de sobra qué es el imperialismo, el capitalismo, sus leyes, la pobreza, los hombres de Estado, el camarada Vladimir Putin, el demócrata Recep Tayyip Erdogan, la bella Marine Le pen, el multiculturalismo, los sentimientos antipolíticos, los bombardeos sin piedad, Isis, el Brexit, masacres terroristas, el Estado Islámico, corridas bancarias, Pokémon, el mundo de las series televisivas como género literario, financieras, élites -la alienación alarmante de individuos y pueblos- China y el comunismo del siglo XXI, la xenofobia, la incidencia del dengue y el zika, lavado de dinero, los refugiados de la Guerra Civil Siria, cuentas en Suiza, la droga, el feminicidio… la lista se hace interminable. Si le parece citamos a Parménides, a Alfred Hitchcock, a Tom Mix y a Chuang-Tzu. Déjeme respirar un poco, por favor, necesito fumar una pipa y tomar un café.

Daniel Goleman, autor de un libro trascendente: Inteligencia emocional, escribe otro libro necesario. Se llama El punto ciego. Psicología del autoengaño. Es importante trabajar cada uno de nosotros en éste tema, de descubrir “las ilusiones compartidas”. Desde cómo vemos a nuestra familia o a nuestros vecinos hasta cómo pensamos en el líder, en el profeta, en el ser carismático. La riqueza se concentra en manos de muy pocos que acumulan a expensas de las grandes mayorías, la pérdida de trabajo, las coberturas de salud, el embrutecimiento diario a través de la cerveza y los aparatitos de teléfono. Prevalece la desigualdad, el miedo, el resentimiento, la imbecilidad, el fanatismo. Esto, entre otras cosas, lleva a la gente a votar o a creer en ciertos magnates, militares u obispos.

Hablamos de la globalización, de nacionalismos, de fútbol o de las nalgas de mi prima sin saber mucho de dónde partimos, qué vemos, qué formación tenemos, cómo funciona nuestra materia gris. Si la tenemos. El desempleo ataca con ferocidad a los asalariados con menos preparación. ¿Qué es la revolución tecnológica? Es la digitalización, la inteligencia artificial. En breve se perderán millones de puestos de trabajo. Hay grandes perturbaciones en los modelos empresariales pero también en el mercado laboral, lo que se está llamando la “cuarta revolución industrial”.

Cerremos con unos versos del T.S.Eliot. Éste escritor genial fue el hacedor en teatro de Asesinato en la Catedral, en ensayo Poesía y Drama, entre tantos otros trabajos. Y libros de poemas como La tierra baldía, Los hombres huecos y los Cuatro Cuartetos. De Los hombres huecos recordamos estos versos: “Somos los hombres huecos / Los hombres rellenos de aserrín / Que se apoyan unos contra otros / Con las cabezas llenas de paja”.

Y dos versos más, a su pedido caro lector: “Ojos que no me atrevo a ver soñar / En el reino de sueño de la muerte”.

Advertisements