Las cartas del abuelo Pascasio. Los aires acondicionados

Manuel Suárez

Manuel Suárez

Manuel Suárez Suárez

Muy querida nieta Cristina:

No tenía pensado escribirte hasta enero de 2017 pero ciertos comentarios de don Mauricio hicieron que saltase el tapón del termo y no pude matear en paz con los vecinos de mi parroquia fonsagradina de San Pedro de Neiro. Acá arriba es normal que los días discurran sin ningún sobresalto pero el presidente argentino me está “matando” a disgustos. Estaba alegre comentando la buena gestión municipal de Menéndez en Merlo al ver unas imágenes de la inauguración del monumento del escultor Marmo dedicado al héroe nacional uruguayo, José Artigas, cuando de repente se cuelan unas grandes letras en la pantalla. Pensé que era la publicidad agresiva de alguna empresa que ahora en verano quiere ayudar a refrescar los hogares de los argentinos. Lo extraño es que fuese una publicidad muda, sin voz o fondo musical.

El texto decía: Los aires acondicionados fueron parte de este cóctel explosivo y siniestro que inventó el gobierno anterior. La verdad es que me quedé totalmente desorientado. Bueno, pensé, a lo mejor es el avance de una nueva novela de ciencia ficción de autor local que le da vida propia a los aparatos de aire acondicionado para que se apoderen de las voluntades de aquellas familias que los utilizan. Aunque no soy lector de este tipo de literatura, puede ser interesante el descubrir que si le das a un botón te convertís en un autómata sin razonamiento propio. Había algo en la frase que no me cerraba pero me fui a dormir sin darle más vueltas.

Ayer, bien tempranito, me cruzo con mi amigo Castiñeira de Dios que todo exaltado me pregunta si leí la última barbaridad del presidente Macri sobre los aires acondicionados. El misterio está resuelto. En serio, Cristina, no puedo creer que mi amada segunda patria se merezca el castigo de tener un enemigo de los intereses generales como máximo responsable de sus esperanzas e ilusiones. El noble pueblo que me recibió en el puerto de Buenos Aires no andaba con boludeces o chamuyadas. Buscabas un futuro sudando la camiseta. Todos hablaban de progreso. Ahora van corriendo a elegir a un desnutrido mental que se dedica a criticar al gobierno precedente mientras funda un banco en el exterior para lavar la guita de las coimas de los sojeritos del glifosato y los mineritos del cianuro.

Los abuelos gallegos siempre sentimos que la orilla rioplatense era parte muy importante de nuestra vida. Allí quedarían los testigos de nuestros esfuerzos. Es evidente que si hoy ocupa el sillón presidencial un indecente es porque hubo miles de ciudadanos que así lo quisieron. Abundan las explicaciones que analizan el exiguo margen electoral que permitió borrar del mapa una etapa de crecimiento en libertad. Nosotros, por experiencia, nos conformamos con certificar que Macri será una pesadilla momentánea en el largo trayecto hacia la conformación de una sociedad solidaria. Entendemos que es doloroso tener que aguantar las ofensas de un presidente cuando expresa que “al ciruja me lo llevo preso”. Es insensato pero tiene claro que se dirige a sus votantes empobrecidos para que vean en los cartoneros a un peligroso colectivo de recogedores de basura.

Me despido. Tengo que irme corriendo. Me está esperando Antón Crestar Faraldo. Mi amigo del municipio coruñés de Miño, emigrante en Montevideo, me invitó a ver la película “Migas de pan”. Tiene un pase especial codificado que le mandaron de Santiago de Compostela para el estreno celestial de la obra dirigida por Manane Rodríguez. En ella se cuenta la historia de una mujer emigrante (Cecilia Roth) en los duros años de la dictadura cívico-militar en el Uruguay. Recibí el cariño del abuelo que no olvida que en la vieja aldea de Mazaeda están cocinando el butelo y asando castañas para despedir el año con la panza llena. Felicidades.

Pascasio Fernández Gómez

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