Las cartas del abuelo Pascasio. ¿Qué pasó para que haya gallegos macristas?

Manuel Suárez

Manuel Suárez Suárez

Muy querida nieta Cristina:

Te pido disculpas por seguir rompiendo con el Centro Gallego de Buenos Aires. Soy consciente de que tenés preocupaciones mucho más importantes. Te conozco bien y sé que estás sufriendo al ver que el país está desgobernado por la malcritud de un presidente que controla el aparato judicial. Al que se afana una bicicleta lo meten varios años en cana pero si asesinaste o robaste un recién nacido o torturaste con la picana, tenés el premio de poder salir a pasear tranquilamente por las veredas bonaerenses. Es improcedente que la Corte Injusta le otorgue a un genocida el beneficio de computar como doble el tiempo que estuvo en la cárcel. La pregunta es si a los votantes de Macri les ayuda en algo que salgan libres los peores delincuentes de la historia argentina. Bueno, sinceramente, creo que la excarcelación no influye en el precio del asado.

Los abuelos le estuvimos dando vueltas. Somos de la opinión de considerar a don Mauricio como un muy peligroso elemento tóxico. No es un nabo. Le orientan para que entregue entretenimiento gratuito a sus votantes que son grandes consumidores de insensatez y resentimiento. Hay que tenerlos contentos para que te sigan culpando por perder el laburo. Hay que distraerlos para que no reflexionen sobre lo que el cambió se llevó. Si aumentó la mortalidad infantil y quebraron más de 1.700 empresas y más de 500 científicos fueron expulsados del CONICET y más de un millón y medio de personas cayeron en la pobreza; será por la mala suerte que tienen algunos. Es una realidad que nos recuerda la frase del gran mexicano Ricardo Flores Magón: Nada es tan desalentador como un esclavo satisfecho.

La ceguera del votante macrista nos lleva directamente al Centro Gallego para comprobar que su método de actuación es aplicable a diferentes espacios de la vida social. En principio, parecería que los emigrantes gallegos somos la antítesis de la mentalidad jodedora que mueve a los hinchas de don Mauricio. El gallego emigrante es gente de confianza. Cumplimos siempre con la palabra dada y luchamos para levantar un hogar propio. ¿Qué pasó para que haya gallegos macristas? La respuesta es simple: nosotros ya fuimos. Los sucesores se contagiaron con la especulación que nos hacía ver como unos infelices sin conocimientos económicos. Es evidente que la guita en la Argentina se hace sin laburar. El mejor ejemplo lo encuentran en la Macri Famiglia que tiene un hijo que es presidente.

El aniversario organizado por Moyano fue de auténtica pena. Unas veinte y pico de personas, de las cuales la mayoría eran del grupo ñoqui de la guardia pretoriana y tres señoras desconocidas morfando sangüichitos en un sillón al costado izquierdo del interventor. Una escena propia de funeral aunque no adecuada para celebrar que la entidad gallega más importante de la Argentina llegaba a sus 110 años de vida ininterrumpida. Es un ejemplo más de la malcritud que votaron en las urnas el 51% de los argentinos. Se entrega, de forma irregular, el hospital del Centro Gallego a un grupo empresarial de oscuro pasado (Ribera Salud) para que se encarguen de la gestión de los servicios de asistencia médica. Se comenta que la duración de la concesión es por 24 años mediante un pago mensual de seis millones de pesos. ¡Socorro! ¡Es una gran joda!

Me despido. Tengo que llegar antes de que Roberto Mouzo Lavandeira comience la lectura comentada de la novela Costa do Solpor (O regreso da Illa do Tesouro) de Xosé Mª Lema. No quiero perderme una sola línea de un gran texto literario donde el autor le rinde homenaje a Robert L.Stevenson al tiempo que nos lleva en la goleta Hispaniola a buscar refugio en una bahía de nuestra hermosa costa occidental. Recibí el cariño del viejo emigrante fonsagradino que espera vuelvas a tener mando para poder reparar el afane en el querido Centro Gallego de Buenos Aires.

Pascasio Fernández Gómez

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