Las cartas del Abuelo Pascasio. Una afrenta que debe ser denunciada

Manuel Suárez

Manuel Suárez Suárez

Muy querida nieta Cristina:

Te hago llegar los aplausos de los compañeros que se emocionaron al escucharte en el Parlamento Europeo. Al verte dijeron que “no hay color” entre un delincuente que vino a enriquecerse y una estadista que llenó de dignidad una sociedad quemada por la estafa de sucesivos gobiernos de malandras. Nos quedó claro que una cosa es la economía de cada país y otra bien diferente el meterle en la cabeza a los ciudadanos que no encontrás empleo porque no servís para nada. Explicaste perfectamente que el neoliberalismo es una creación política que nosotros calificamos de realismo mágico. Una mayoría de votantes acepta tener bajos salarios para ayudar a que la banca especuladora aumente sus beneficios. Son los que te criticaban por ponerle cepo al dólar. Ahora están felices al ver que sus elegidos se llevan bolsas de guita a Panamá.

Tengo que volver al Centro Gallego de Buenos Aires. Es un escenario que conocemos bien. Allí se está representando una obra que para unos es comedia y para otros, drama. El argumento se centra en los problemas de una mutualista médica para mantener sus servicios. Los actores hablan mucho del pasado y poco del futuro. Hay tres grupos de opinión: alegres, confiados y resignados. Los alegres afirman de que ahora es posible tener la cancha libre para que una empresa privada se encargue de la mutualista. Se acabaron las trabas ya que el sonriente Moyano nos traerá la solución. El grupo de confiados defiende la continuidad y el cese de la intervención. Dicen que los socios son los propietarios pero no tienen plan para el pago de las deudas que ahogan a la entidad. Los resignados aceptan la derrota ya que buenos gallegos eran los de antes. Ahora nadie quiere sudar y lo mejor es cerrar la puerta.

Los abuelos echamos en falta a los socios que llevan a Galicia en el corazón en la obra que cada día se representa en la esquina de Belgrano y Pasco. Creemos que son miles los “Amigos de Castelao” dispuestos a no dejar que el hospital caiga en las manos de una empresa privada. Son los que no aceptan la afrenta a los emigrantes al regalar un patrimonio que no les pertenece. Es mentira que se firmará un contrato de gestión como el de hace 15 años con la Fundación Galicia Salud. Lo primero es aclarar que la Fundación Galicia Salud era pública. El convenio firmado el 18-IX-2002 establecía en su cláusula tercera, punto 3: La Fundación deberá cumplir la gestión sanitaria que por este acto se le encomienda, en forma eficiente y orientada a conseguir la prestación de una óptima asistencia sanitaria para todos los socios del CGBA como asimismo para todos aquellos pacientes que sean tratados en la entidad, con motivo de contratos o acuerdos para la prestación de servicios médico-asistenciales.

Es importante destacar que el dinero que manejaba la Fundación Galicia Salud era de todos los gallegos al estar consignados en los presupuestos generales de la Comunidad Autónoma. Había clara intención de ayudar. En el convenio constaba que la meta es “el crecimiento y desarrollo tecnológico, científico, edilicio, prestacional; así como la optimización y la excelencia en la asistencia sanitaria”. La empresa valenciana Ribera Salud es propiedad del grupo Centene Corporation de Saint Louis (Missouri) lo cual indica que no es una “hermanita de la caridad” como lo fue la Xunta de Galicia. Esta empresa está denunciada por gestión fraudulenta. En estos momentos la Generalitat Valenciana inició el proceso de reversión de la privatización del Hospital Universitario de la Ribera en Alzira que fue donde empezó el afane en connivencia coimera con el anterior gobierno autonómico. El macrismo importa un modelo fracasado para estafar a los gallegos y lo esconden detrás de la Fundación Favaloro. El convenio sería aceptable si fuese realizado con el Ministerio de Salud o con el Ministerio de Desarrollo Social pero así es una afrenta que debe ser denunciada en sede judicial, esperando tener la suerte de que caiga en manos de un juez honrado.

Me despido. Tengo que apurarme. No quiero llegar tarde a la trasmisión en directo del primer concierto de “Os d’Abaixo” desde Santiago de Compostela. Son seis experimentados músicos que llevan nuestra música tradicional en las venas. Acaban de grabar su primer disco de estudio que se titula Quixera ser dos paxaros. Recibí el cariño del abuelo fonsagradino que no olvida aquel matecito caliente que lo esperaba en el solidario muelle rioplatense.

Pascasio Fernández Gómez

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