Las cartas del Abuelo Pascasio. Siempre he dicho lo que he debido

Manuel Suárez

Manuel Suárez Suárez

Muy querida nieta Cristina:

Los abuelos emigrantes no nos perdimos una sola palabra de tu entrevista en C5N desde el Instituto Patria. La noche porteña fue bastante gallega por las semejanzas con nuestro famoso orballo que también le llamamos garúa o babuxa o froallo o poallo. Te aclaro que garúa es un galleguismo que forma parte del lenguaje popular en ambas márgenes del Plata. Mi nieta tenía que volver a la cancha en un día señalado. Volviste 207 años después de la “Revolución de Mayo” y justo a tiempo para poder sacar de nuestra vista al indecente grupo gubernamental que está frenando el progreso del país. No olvidemos que don Mauricio ganó las elecciones con una exigua mayoría de votantes morfadores compulsivos de mentiras.

El escucharte nos mejora nuestra salud espiritual. Vos estás allá arriba, en un pedestal ético, mientras los ministros macristas se arrastran por la prensa coimera para insistir en la ofensa al ciudadano con banalidades para boludos que solamente tienen la cabeza para ponerse una gorra en verano. Estuviste muy conciliadora al expresar que “no hay que enojarse con quienes votaron por el cambio ya que fueron engañados por un aparato de propaganda, de medios de comunicación y periodistas que son los mismos que, hoy por hoy; protegen con un blindaje mediático, un amurallamiento casi obsceno de resguardo al gobierno actual”. Es verdad lo que decís, tenemos un ejemplo que nos llega desde el Centro Gallego de Buenos Aires.

Como bien recordarás, vos ayudaste a mantener la actividad en el hospital para que los socios pudiesen seguir recibiendo atención médica en condiciones. Cuando eras presidenta te comenté que eras también, por razón de tu cargo, presidenta de Honra del Centro Gallego. Te comenté que Evita y Perón visitaron la institución y firmaron en el libro de honor. No creo te sorprenda lo que te voy a contar. Una muy querida nieta de Lalín mencionó en una reunión que te deberían de invitar a visitar el Centro Gallego. Bueno, te imaginarás lo que tuvo que soportar. Una colección de improperios que la dejaron totalmente abatida.

El paso del tiempo es siempre esclarecedor. Ahora el Centro Gallego está a punto de caer en las fauces de las hienas macristas. El tropel de coimeros está comandado por un interventor que sigue las órdenes que le llegan de Puerto Madero por parte del que mueve los hilos, un viejo conocido de la estafa apellidado Grosso. Llenaron la institución de ñoquis y despidieron a buenos trabajadores con muchos años de servicio. Buscaron desesperadamente una empresa que se encargase de la gestión administrativa. Estando el país empantanado es difícil encontrar quien venga a meter guita en un hospital con más de mil empleados que acumulan años de antigüedad. Dicen que Ribera Salud-Centene Corporation-Fundación Favaloro se hará cargo del hospital. Hay que desconfiar. No son trigo limpio. Nadie conoce el borrador de contrato, creemos que tampoco el propio interventor.

Perdoná que me fui del asunto que te quería comentar. Varios de aquellos directivos que te descalificaban, están ahora más que calientes en contra del interventor porque convirtió el hospital del Centro Gallego en una especie de cuartel de bajo nivel en donde lo único que funciona son las cuerditas para separar a los socios completos de aquellos que vienen con la boleta del PAMI. Una porquería que es vigilada por los ñoquis pretorianos que metió el interventor. Además en la sección administrativa están los ñoquis chismosos que informan al interventor de cualquier comentario crítico de los empleados. En una página de Internet se puede leer que antes con La Blunda funcionaba correctamente pero ahora es desastre. Lo inédito es que escribe gente que votó a Macri. Se están avivando. Empiezan a darse cuenta de que al votar mal le abrís el camino para que te dejen sin mutualista.

Me despido. Estoy totalmente de acuerdo con que “hay que unirse para poner límites a este ajuste neoliberal” porque me duele ver que mi segunda patria está volviendo a la miseria de tiempos pasados. Me voy corriendo para ver una conexión en directo desde Santiago de Compostela. Están celebrando, con lluvias, las fiestas de la Ascensión. Le vamos a preguntar al alcalde Noriega sobre la vigencia del viejo refrán: Se chove o xoves da Ascensión, corenta días de auga son. Recibí el cariño del viejo fonsagradino que se enorgullece de una nieta que volverá a poner a la Argentina en la senda de la prosperidad.

Pascasio Fernández Gómez

Advertisements